Casablanca no es la ciudad que la película prometía. No hay Humphrey Bogart en un bar neblinoso, ni romanticismo de película en blanco y negro: lo que hay es la ciudad más moderna y cosmopolita de Marruecos, una metrópolis de 4 millones de habitantes que es el motor económico del país y uno de los centros financieros más importantes de África. Pero eso no significa que Casablanca sea anodina. Al contrario: es una ciudad de capas, donde el Art Déco colonial de los años treinta convive con la medina más auténtica del norte de África, donde la mezquita más asombrosa del continente se levanta sobre el propio Atlántico, y donde la gastronomía marroquí alcanza una sofisticación que no se encuentra en ningún otro lugar del país.
La gran ironía de Casablanca es que la mayoría de los turistas que visitan Marruecos la usan solo como aeropuerto de tránsito hacia Marrakech o Fez, sin detenerse a descubrir lo que la ciudad tiene que ofrecer. Es un error. Casablanca recompensa al visitante con una autenticidad diferente a la de las ciudades imperiales: aquí no hay una industria turística que haya suavizado las aristas, sino una ciudad que vive su propia vida con una energía que se contagia.
Consejo de experto: El mejor momento para visitar la Mezquita Hassan II es en el horario de visita guiada de la mañana (aproximadamente a las 9h), cuando la luz entra por los techos corredizos y crea efectos de luz sobre el mármol que son verdaderamente extraordinarios. Las visitas guiadas duran unos 45 minutos y son las únicas permitidas para no musulmanes; el precio es muy accesible y la experiencia justifica completamente la madrugada.
La Mezquita Hassan II: Una Maravilla del Mundo Moderno
La Mezquita Hassan II no es simplemente la mezquita más grande del mundo después de la Masjid al-Haram de La Meca: es uno de los edificios religiosos más extraordinarios construidos en el siglo XX en cualquier tradición. Completada en 1993 tras seis años de construcción en los que trabajaron 35.000 artesanos marroquíes, está construida parcialmente sobre el propio océano Atlántico —la única mezquita en el mundo en esta posición— con un suelo de cristal sobre el agua que permite a los fieles orar literalmente sobre el mar.
El minarete de 210 metros es el más alto del mundo y un láser desde su cúspide apunta en dirección a La Meca cada noche. El interior puede albergar a 25.000 fieles, con otros 80.000 en los jardines exteriores. La decoración es un compendio de artesanía marroquí en su máxima expresión: maderas de cedro talladas, zellij (mosaicos de azulejo) de colores, estucos con arabescos de una delicadeza casi inverosímil y mármol de Agadir pulido hasta reflejar la bóveda. El techo de madera del oratorio principal es corredizo y puede abrirse para dejar entrar el cielo y la brisa del Atlántico.
Desde el exterior, la mezquita es igualmente impresionante: una plataforma sobre el mar desde la que el edificio emerge como una formación natural inmensa. Los atardeceres vistos desde la explanada que la rodea, con el océano teñido de naranja a ambos lados del minarete, son de los más espectaculares de África.
Art Déco Colonial: El Patrimonio Olvidado
Casablanca tiene el conjunto de arquitectura Art Déco más importante del norte de África y uno de los más notables del mundo, comparable al de Miami o Buenos Aires. Entre las décadas de 1920 y 1950, cuando Marruecos era un protectorado francés, la ciudad fue un laboratorio de modernidad arquitectónica: los mejores arquitectos franceses del momento diseñaron aquí edificios que sintetizaban el racionalismo europeo con elementos decorativos inspirados en el arte islámico y bereber.
El Boulevard Mohammed V es el eje principal de este patrimonio: una avenida de kilómetros bordeada de edificios con arcadas, fachadas ornamentadas y detalles geométricos que combinan el lenguaje moderno europeo con motivos marroquíes. La Banque du Maroc, el Grand Théâtre y el edificio de Correos son algunos de los ejemplos más elegantes. Muchos están deteriorados, otros renovados con cuidado, y la mezcla de estados crea una atmósfera de arqueología urbana que es muy particular.
La UNESCO tiene estos edificios bajo seguimiento; la ciudad ha comenzado tardíamente a reconocer este patrimonio como un activo turístico y cultural de primer orden. Caminar por el Boulevard Mohammed V a primera hora de la mañana, cuando la luz lateral ilumina los relieves de las fachadas y los camareros sirven café dans les brasseries con terraza, es una de las mejores experiencias que ofrece Casablanca.
La Medina y el Rick’s Café
La medina de Casablanca es pequeña comparada con las de Fez o Marrakech —tiene unos pocos cientos de metros de diámetro— pero precisamente por eso es menos abrumadora y más accesible. Es una medina real, no un mercado turístico: los habitantes compran aquí su pescado, sus especias y su ropa cotidiana, y la presencia de visitantes extranjeros es todavía suficientemente escasa como para que el ambiente sea auténtico. Las tiendas de argan oil, especias y cuero se mezclan con panaderías, carnicerías y ferreterías en una densidad que es característica de los zocos del Magreb.
El Rick’s Café es, sí, un invento turístico: creado en 2004 por una diplomática americana que compró y restauró una riad en la medina para recrear el bar de la película Casablanca de 1942. No tiene ninguna relación histórica real con el film —que fue rodado completamente en Hollywood— pero está tan bien hecho que merece la visita. El piano, los empleados de chaqué, los cócteles de época y la arquitectura del riad crean una atmósfera que es kitsch de muy alto nivel. La carta de comida marroquí es buena, el ambiente es sofisticado y la experiencia es autoconsciente de su propia naturaleza artificial de una manera que resulta honesta.
La Corniche y las Playas
La Corniche de Ain Diab es el paseo marítimo de Casablanca, un frente costero de varios kilómetros con playas, restaurantes de mariscos y clubes náuticos que es el lugar de ocio preferido de los casablancenses. Las playas no son las más espectaculares de Marruecos —el Atlántico aquí tiene corrientes fuertes y el agua es fría incluso en verano— pero el ambiente social en los chiringuitos de playa y los restaurantes con terraza es muy agradable, especialmente en los atardeceres cuando la gente sale a pasear.
El Anfa Place, el complejo comercial y de entretenimiento más moderno de la Corniche, muestra el Casablanca contemporáneo que aspira a ser una ciudad global al estilo de Dubai: arquitectura ambiciosa, marcas internacionales y una clase media marroquí con poder adquisitivo y gusto por lo cosmopolita.
Gastronomía: El Tagine y Más Allá
La gastronomía casablancense es marroquí en su base pero con matices propios de una ciudad portuaria cosmopolita. El tagine —ese guiso lento en olla de barro con tapa cónica que es el plato más emblemático de Marruecos— tiene aquí versiones de cordero con ciruelas y almendras, pollo con limón confitado y aceitunas, y pescado del Atlántico con chermoula (mezcla de cilantro, comino y pimentón) que reflejan la posición geográfica de la ciudad. El couscous del viernes —el día tradicional del couscous en Marruecos— es una religión en sí mismo.
Los mariscos son la especialidad local más importante: langostas, cigalas, gambas y percebes del Atlántico se sirven en los restaurantes del Vecchio Porto (el puerto antiguo) con una sencillez que los enaltece. La Sqala, un restaurante instalado en una antigua fortaleza del siglo XVIII en el borde de la medina, combina cocina marroquí de calidad con una arquitectura que es en sí misma una razón para ir.
Guía Práctica de Casablanca
- Mejor época: Abril-junio o septiembre-noviembre. El verano puede ser caluroso y la ciudad se vacía parcialmente cuando los casablancenses se van a las playas del norte. El invierno es suave pero lluvioso.
- Transporte: El tranvía (tramway) es excelente para moverse por el centro de la ciudad y conecta la estación de tren Casa-Voyageurs con la Corniche. Los taxis pequeños (petit taxi) son baratos y relativamente fiables. El tren de alta velocidad Al Boraq conecta Casablanca con Tánger en dos horas; el tren convencional llega a Marrakech en tres horas y media.
- Alojamiento: El centro histórico (barrio de Gauthier y alrededores del Boulevard Mohammed V) ofrece hoteles boutique en edificios Art Déco bien restaurados. El barrio de Anfa tiene opciones más modernas y cercanas a la Corniche.
- Moneda: El dírham marroquí (MAD). Los cajeros automáticos son abundantes. Las tarjetas se aceptan en hoteles y restaurantes formales, pero la medina y los mercados funcionan en efectivo.
- Conexiones: Casablanca Mohammed V es el aeropuerto más conectado de Marruecos, con vuelos directos a la mayoría de ciudades europeas. Es el punto de entrada lógico para un recorrido por Marruecos que continúe a Marrakech, Fez o Essaouira.